8 de abril de 2010

IRA

Sé que ha habido Ira antes aquí. Pero ésta es con MAYÚSCULAS.


Me encantaría escuchar cómo se astilla el cráneo de alguien a martillazos, un alguien que tiene nombre, ambiciones y prepotencia y un título de docente regalado en tómbola.


Se dice el pecado, y no el pecador, pero os aseguro que yo pregonaría su nombre a los cuatro vientos sujetando su cabeza como la de la Gorgona en manos de Perseo. Aunque sus serpientes están en la lengua…


Qué poco profesional eres.

NO TE JODE. Ahora tienes derecho a llamármelo. ¡Ahora!


Hoy no hay lírica ni sutilidad que evite que si no escribo esto implosione en mí mismo de forma que cree un agujero negro que abata cuanto se encuentra a mi alrededor.


De hecho, coincidirás conmigo en que precisamente las materias que peor se nos dan son las que nos quitan proporcionalmente más tiempo, ya que hemos de dedicarle más horas para lograr el mismo nivel de conocimientos o habilidades que los obtenidos en otras asignaturas que nos resultan más sencillas. No creo que éste sea el caso, pero te lo comento para que pienses en tu argumento.

Sí, te cito, y fíjate. ¡Si no he puesto referencias bibliográficas!


¡Oh! Ya lo creo que he pensado el argumento. Ni lo dudes por un momento.


Te odio. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio tanto, que si el odio fuera agua, ahora mismo esa porción de tierra emergida que hay en este planeta dejaría de estarlo.


He intentado ser tolerante, creer que no me llamabas imbécil, creer que no me llamabas pueril y que intentabas transmitir eso que te atreves a afirmar que son valores indispensables.


Necio.


Hay formas y formas, pero tú las has roto todas y de no ser porque yo aún las guardo, desearía que el hielo de la Antártida se derritiera y que tu coche no se hubiera limitado a quedarse en ese arcén tras tu fabuloso giro de 180º que predicas.


Porque llega un momento, en el que me pondría a aporrear el teclado porque no encuentro las palabras.


Pu** prepotente de mier**.


Mereces que practiquen el Medievo con tu orto, con un palo de escoba de madera sin lijar.


Hoy no habrá imagen, aunque en la definición de gilipollas del diccionario tendría que estar tu foto.


Siento la excepción de hoy, y es probable que la borre en poco tiempo, pero paso de hacer hipótesis nulas y alternativas. Dad gracias que no tengo ni pistola ni balas a mano, porque El Espinar se le quedaba corto para correr…

7 de abril de 2010

Innato


Hay sujetos peculiares. Aunque no todos gustan de exhibirse.


Increíblemente, gozan de una esencia diferente. No son convencionales, pero tampoco han buscado serlo. Han nacido así.


Podría decirse que lo llevan en la sangre…


Hablo de sujetos especiales.


Quizás no conozcas a ninguno, pero es probable que sea porque ellos no quieren que les conozcas. Son así.


Me gustaría hablar de su don, un don que muchos envidian y que otros tantos fingen poseer. Hablo del control.


Sus dedos manipulan hilos invisibles que con el más subrepticio movimiento logran desencadenar una serie de reacciones perfectamente controladas, lo más parecido a una fisión nuclear.


El mecanismo es complejo, y nadie diseñó cursos en los que aprender qué botón induce a qué cosa, ni qué palanca activa qué emoción. Los manuales ardieron, pero ese humo fue inhalado por algunos.


Yo no presumo de ser controlador, de hecho los envidio.


Ser capaces de inyectar agujetas en el cerebro sin atravesar el cráneo, es un arte. Y los títulos de ladinos, usurpadores y maquinadores son merecedores de elogios, cuenten lo que cuenten las creencias populares, a veces meras leyendas urbanas.


Si no has nacido con ellos, deja de intentarlo y acepta que eres un completo inútil en el sutil campo de la manipulación.


6 de abril de 2010

Identidad

¿Qué ves en ti?


¿Crees que ese pequeño trozo de plástico perfectamente transferible con una imagen que dice pertenecerte, unos dígitos y un garabato de tinta sin fragancia puede hacer justicia a lo que eres? ¿Qué te define?


A veces te ves en otros, encuentras una afinidad, una increíble sintonía de ondas que no tienen un lugar dentro de las longitudes convencionales. Algo similar a un espejo y al reflejo de tu reflejo, a esa placa metálica que alguien mueve bajo el sol moviendo el proyectil de luz hacia tus ojos.


Ese otro tiene nombre, y cara, y una historia detrás de cada uno de sus actos, una historia ajena a ti a cada instante de existencia que se nutre de esos fragmentos volátiles de realidad que desprende tu imaginación y lo difuso de tus pensamientos, para quebrar en cuestión de segundos toda identidad posible.


Mimetismo, imitación, creación irrisoria. Intento de nada y fracaso de todo.


Las figuras se recortan, como imágenes talladas a contraluz una aburrida tarde de domingo, perdiendo sus ricas gamas de tonalidades, careciendo de rasgos propios, de miradas. Lo han perdido.



Los diccionarios no sirven en esto, ¿sabes? Las definiciones comienzan aquí a ser ambiguas y solo cuenta eso que tú y yo sabemos. No disimules, sé que me entiendes.


Las puertas del salón de baile tienen cristales ahumados, pero cuando se abren, estás invitado a esa fiesta de disfraces en la que las máscaras te aturdirán para confundirte en tu propio terreno: en ti.


4 de abril de 2010

Indulgencia


Puedes intentar fulminar con la mirada, llegar a quemar con tus ojos cada sentimiento del ajusticiado, haciendo que ardan como si se tratase de papel rebañado en gasolina.


Sentir el placer de cómo el martillo golpea la madera, propagando su eco.


Esa voz que tras tu oreja derecha susurra compasión miente. Que ni se te pase por la cabeza escucharla.


Muy pocos caminos borran las huellas que dejas al pasar. ¿Por qué iban a molestarse? Si decides pisar fuerte, tu suela se definirá perfectamente entre el fango y el cieno de forma irremediable, endureciéndose con cada día de sol que pasa y creando un molde de pecado.


Puedes regresar a difuminar tu pisada cuando el barro aún está húmedo y tierno, como esa masa que aún no ha entrado en el horno. Pero recuerda que para volver también tendrás que pisar.


Por eso te advierto por tu bien, que pises fuerte únicamente cuando camines por las playas, con su inestable vaivén de olas ininterrumpido, porque el mar es el único que practicará la indulgencia contigo cuando te arrepientas de los pasos que has dado.


Y nada de lo ocurrido, se tendrá en cuenta. Iluso.