9 de octubre de 2012

Somos frágiles



Como esa flor que se dio un baño en nitrógeno líquido y que con un soplido asistirá al final de su existencia integral. Nosotros somos frágiles como el cristal.


Brillamos y somos hermosos. De colores, o ahumados en colores oscuros para ocultar nuestro contenido. Pero seguimos siendo de la misma pasta de silicio fundida.


Somos frágiles, y cuando nos rompemos, también cortamos. 




4 de octubre de 2012

Déjalo


Sus ojos no podían mentir, por mucho que su boca fuera de opinión contraria. Aunque tenue, el brillo en sus ojos suplicaba una salvación. En el fondo necesitaba aquello que llaman consuelo, las lágrimas para limpiar el polvo de unas córneas que han visto derrumbarse tantas cosas. 







Sus ojos no podían mentir, aunque lo suyo fuera actuar. Al final todo se limitaba a leer su línea en un guión trajinado por manos sudorosas, manos manchadas... Las manos del que hace porque debe, no porque puede. O quizás porque escribe las palabras de su Pepito Grillo dictador. 



Esos ojos hay que dejarlos. Porque los hay que no tienen salvación. Y la piedad no es una herramienta compatible con estas razones inexplicables del alma atormentada. 


2 de octubre de 2012

Risas en la oscuridad


Cuando la abrazó pensó que no la soltaría nunca, que se quedaría allí a pesar de que sus pies desnudos se enfriaran más y más a cada minuto. Y a pesar de que sabía que no le veía el rostro, no dejó de sonreír.

No era una sonrisa particularmente bonita. ¿Cómo de bonita puede ser una mueca en la que enseñamos los dientes?, armas que nos fueron dadas inicialmente para matar, amenazar, comer... Sin embargo, tomamos a la sonrisa como algo bueno. Una dote de amabilidad.

Pero ella no vería ese regalo, con los ojos al menos. Porque hay sonrisas que se sienten. Especialmente en los días en los que las palabras se convierten en frágiles conspiraciones de cama, y los secretos engendran risas en la oscuridad.

Y es en esos momentos, cuando la oscuridad nos basta.















La oscuridad.



26 de septiembre de 2012

Bruto




Me llamaron bruto, aunque no me lo creí del todo. No obstante, me dieron ganas de invitarla a una copa, contarle un chiste fácil y demostrarle la brutalidad que he aprendido en los libros. Conquistarla como está de moda: con vulgaridad. Porque a mí me gusta ser vulgar como a cualquier otro. Empotrarla contra un coche, hacerle saber que soy un hombre y luego susurrarle al oído que me lo había pedido a gritos.


Y me contuve, porque vivo conteniéndome. Preferí sonreír y darle la razón. Notaba la sangre en cada una de mis extremidades, en cada apéndice palpitante. Latiendo la vida que tengo y que no muestro. Que no demuestro.


Pero eso no significa que no esté vivo. No significa que no sea bruto. Ni que sea vulgar. Porque si soy algo, soy muchas cosas. Lo que quiero decir es que soy pero no soy nada de eso enteramente. Si soy bruto, es porque he sido sutil. Y si te he dicho una vulgaridad es porque entiendo de ser refinado. Si sé lo que es la vida, es precisamente porque he experimentado la muerte…


Soy lo que soy por lo que he vivido y lo que he evitado vivir. Si esperas de mí algo más, has ido al lugar equivocado. Si esperabas de mí algo esperable, es porque quizás has dejado de vivir a mi lado demasiadas lecciones hoy aprendidas.  






20 de septiembre de 2012

Sangre para las amapolas



Hoy soñé contigo, pero no sé si soñé porque hay que soñar en algo o porque te buscaba en un anhelo olvidado.  


La sangre busca a la sangre, y a veces necesito perseguirte solo para recordar por qué no te tengo.


Y cuando comprendo que no te tengo, dejo que la razón venza al corazón en la batalla por el control de una guerra perdida.  




24 de junio de 2012

Orgullo


En general, el orgullo está al final de todos los grandes errores. Steven H. Coogler. 





23 de junio de 2012

Ya no hay espejos...



Hay días en los que nuestro pasajero oscuro nos habla sin mirar a través del espejo retrovisor. Se gira y nos mira directamente a los ojos, desde el volante.




Es entonces cuando comienza a mover los labios, y sentimos miedo porque ya no es un reflejo la barrera que nos separa. Está ahí, delante, al alcance de nuestra mano. Sujetando el volante de nuestra vida, y aún no sabemos muy bien cuando somos o no parte de ese pasajero oscuro.


Solo podemos saber algo de nuestro pasajero oscuro: puede ser un mentiroso, pero en su esencia jamás nos mentirá a nosotros. Porque en la verdad, aunque haya dolor, nuestro pasajero encuentra su regocijo.