7 de abril de 2010

Innato


Hay sujetos peculiares. Aunque no todos gustan de exhibirse.


Increíblemente, gozan de una esencia diferente. No son convencionales, pero tampoco han buscado serlo. Han nacido así.


Podría decirse que lo llevan en la sangre…


Hablo de sujetos especiales.


Quizás no conozcas a ninguno, pero es probable que sea porque ellos no quieren que les conozcas. Son así.


Me gustaría hablar de su don, un don que muchos envidian y que otros tantos fingen poseer. Hablo del control.


Sus dedos manipulan hilos invisibles que con el más subrepticio movimiento logran desencadenar una serie de reacciones perfectamente controladas, lo más parecido a una fisión nuclear.


El mecanismo es complejo, y nadie diseñó cursos en los que aprender qué botón induce a qué cosa, ni qué palanca activa qué emoción. Los manuales ardieron, pero ese humo fue inhalado por algunos.


Yo no presumo de ser controlador, de hecho los envidio.


Ser capaces de inyectar agujetas en el cerebro sin atravesar el cráneo, es un arte. Y los títulos de ladinos, usurpadores y maquinadores son merecedores de elogios, cuenten lo que cuenten las creencias populares, a veces meras leyendas urbanas.


Si no has nacido con ellos, deja de intentarlo y acepta que eres un completo inútil en el sutil campo de la manipulación.


6 de abril de 2010

Identidad

¿Qué ves en ti?


¿Crees que ese pequeño trozo de plástico perfectamente transferible con una imagen que dice pertenecerte, unos dígitos y un garabato de tinta sin fragancia puede hacer justicia a lo que eres? ¿Qué te define?


A veces te ves en otros, encuentras una afinidad, una increíble sintonía de ondas que no tienen un lugar dentro de las longitudes convencionales. Algo similar a un espejo y al reflejo de tu reflejo, a esa placa metálica que alguien mueve bajo el sol moviendo el proyectil de luz hacia tus ojos.


Ese otro tiene nombre, y cara, y una historia detrás de cada uno de sus actos, una historia ajena a ti a cada instante de existencia que se nutre de esos fragmentos volátiles de realidad que desprende tu imaginación y lo difuso de tus pensamientos, para quebrar en cuestión de segundos toda identidad posible.


Mimetismo, imitación, creación irrisoria. Intento de nada y fracaso de todo.


Las figuras se recortan, como imágenes talladas a contraluz una aburrida tarde de domingo, perdiendo sus ricas gamas de tonalidades, careciendo de rasgos propios, de miradas. Lo han perdido.



Los diccionarios no sirven en esto, ¿sabes? Las definiciones comienzan aquí a ser ambiguas y solo cuenta eso que tú y yo sabemos. No disimules, sé que me entiendes.


Las puertas del salón de baile tienen cristales ahumados, pero cuando se abren, estás invitado a esa fiesta de disfraces en la que las máscaras te aturdirán para confundirte en tu propio terreno: en ti.


4 de abril de 2010

Indulgencia


Puedes intentar fulminar con la mirada, llegar a quemar con tus ojos cada sentimiento del ajusticiado, haciendo que ardan como si se tratase de papel rebañado en gasolina.


Sentir el placer de cómo el martillo golpea la madera, propagando su eco.


Esa voz que tras tu oreja derecha susurra compasión miente. Que ni se te pase por la cabeza escucharla.


Muy pocos caminos borran las huellas que dejas al pasar. ¿Por qué iban a molestarse? Si decides pisar fuerte, tu suela se definirá perfectamente entre el fango y el cieno de forma irremediable, endureciéndose con cada día de sol que pasa y creando un molde de pecado.


Puedes regresar a difuminar tu pisada cuando el barro aún está húmedo y tierno, como esa masa que aún no ha entrado en el horno. Pero recuerda que para volver también tendrás que pisar.


Por eso te advierto por tu bien, que pises fuerte únicamente cuando camines por las playas, con su inestable vaivén de olas ininterrumpido, porque el mar es el único que practicará la indulgencia contigo cuando te arrepientas de los pasos que has dado.


Y nada de lo ocurrido, se tendrá en cuenta. Iluso.



31 de marzo de 2010

Soy


He llegado a la conclusión de que soy muchas cosas, y también de que no soy otras muchas cosas.


Soy trágico.


Cuando el tal y el cual quedan obsoletos, te dedicas a levantar alfombras y a airear los cuartos de invitados que permanecían cerrados meramente por esa arraigada tradición de preservarlos del polvo; y no obstante, cuando los tímidos rayos de luz se filtran por la ventana te das cuenta de que hasta las pelusas han podido llegar allí. Y lo único que has conseguido es que el mecanismo de la persiana se haya oxidado y ahora chirríe cuando la alzas.


Soy romántico.


Llámalo desidia si quieres ponerle un nombre.


Soy perfeccionista.


Soy cosas que jamás habría imaginado que podría ser, para bien y para mal.


Soy extraño, cuanto menos.


No conjugaré verbos hoy, porque hoy no es día de conjugar verbos.


Soy predecible e impredecible.


Soy muchos adjetivos, toda una interminable ristra de ellos, a cada cual más retorcido. Quizás, si te paras a pensar un instante, puedas decir tres adjetivos que se adapten a mí fácilmente: así, a golpe de mente. Si te paras unos pocos instantes, un par de adjetivos más podrían encasillarme aunque te parecería que son forzados, o que no hacen justicia a eso que pretendes definir.


Soy yo mismo, en cada cosa que hago.


Y es por eso que los adjetivos no bastan para ser como soy.


Soy demasiado bueno atrayendo el dolor.


Todo es un poco más complejo, pero no deja de ser simple.


Soy rencoroso.


De hecho me agrada especialmente el concepto oriental en el que un caracter, un mero conjunto de líneas, no se traduce a un sonido, sino a algo. Algo trascendental que tiene significado por él mismo, y que combinándose con otros adquiere un nuevo significado aún más rico.


Soy alguien.


Quizás los sustantivos se queden cortos, y las subordinadas, además del irrisorio doble sentido aporten un toque enrevesado. Pero creo que hay momentos en los que las líneas en blanco, o los espacios para rellenar en un formulario, son los que mejor te definen.


Y no soy nadie…


No acostumbro a hablar de mí mismo, sino más bien de lo que hay detrás de mí (al menos, en este lugar y no siempre de forma clara). Pero de todos modos y se mire como se mire: soy como soy. Intenta evitarlo y fracasarás.