29 de enero de 2011

Porque los cosos no son cosas


Algunos hechos me han llevado a pensar que más allá de los planes nos movemos por impulsos, impulsos que al menos yo soy incapaz de controlar.


Cuando piensas en algo y lo recapacitas puede que milésimas de segundo más tarde albergues, aunque sea remotamente, un contrapensamiento que rebata al primero hasta el punto de anularlo. Muchas veces esto es bueno, ya que frenar el ímpetu es inevitablemente necesario.


No obstante, hay impulsos por los que hay dejarse llevar…


El pie que se mueve inquieto cuando estás sentado mientras te mordisqueas el labio inferior con una actitud un tanto exasperante es algo que se puede resolver mediante impulsos.


Mi gran amigo (en sentido figurado) se lo cuestionaría como yo me lo he cuestionado, pero cuestionarlo es matar ese impulso.


No me gustan los impulsos como algo irreflexivo y de consecuencias fatales. Yo quiero verlo de la siguiente manera: los planes son meramente la transición de un impulso a otro, sólo que nos regocijamos en la premeditación para justo en el momento actuar por ese envite.


Sin mis impulsos no podría contaros lo maravilloso que ha sido pasar frío para ver nevar.


22 de enero de 2011

King's Singers

Ha sido maravilloso, casi irreal. Ha sido naufragar en un aroma etéreo y atemporal donde cada escalofrío y lágrima ha merecido la pena.





Ha sido una inversión en... felicidad...

14 de enero de 2011

Lo que queda...


No era nadie, ni nada.



Era la carcoma que soplas sobre los muebles por los que aún no ha desfilado un trapo, las partículas que emprenden carreras volátiles en su frágil agonía.


Motas, suspendidas y resuspendidas. Coloide de los coloides. Asunto destinado a la deriva de las brisas y los quehaceres de las corrientes.


Era la señal que impone el olvido. Imprenta intachable de tela blanca, vestido lánguido por omisión. Triste demanda de atención y nido de pelusas.


Recóndito, al final de los estantes, en lo más hondo de los cajones; pues el tamo ama la discreción.


Aquel de eterno retorno y que prevalece ante la vida y la muerte, pues polvo eras y en polvo te convertirás…


30 de diciembre de 2010

O Finis


Porque para los que habéis podido alcanzar a entenderlo, hasta aquí ha llegado ese equilibrio cuasiestático…


Y así seguirá, tan cuasiestático como yo.



Este año no hay propósitos, no hay un conocerse mejor, no hay ni tan siquiera odio a pesar de que este mes era propicio, no hay nada. Acabo de leer a mi amiga la bruja e inicialmente tenía en pensamiento pedir también cosas, pero está visto que nadie va a darme nada, así que no me voy a molestar en solicitarlas.


Ya comenté en otra ocasión que acostumbro a calificar estos días de evaluación, no de mí mismo, sino de los eventos acontecidos dentro del periodo que comprende el año en los que de forma directa o indirecta me he visto implicado. No obstante, esta vez, me limitaré a decir que todo ha quedado en lo extraño.


No diré nada más, aunque aún me quedan dos días para arrepentirme.


23 de diciembre de 2010

Obliterar



La Navidad, como cada año, me hace reflexionar.


Los regalos, los saludos, ser amable cuando parece que comas almendras amargas el resto del año, y felicitar algo tan intangible como una fiesta…


¿Cómo que Feliz Navidad?


Creo que en estas fechas no hacemos sino que ocultar con guirnaldas y buenas intenciones el pequeño Grinch que tenemos todos dentro. Y está mal decirlo, pero aunque la mona se vista de seda… el vestido no es de su talla.


Por eso, para vosotros mis pocos, escurridizos y silenciosos lectores, Woo-woo Navidad. La felicidad que la aliñe cada uno a su gusto.


16 de diciembre de 2010

Olvidar





Un temblor, un súbito temblor y un vaso hecho pedazos. La mano seguía temblando y el vaso, hecho añicos en el suelo mientras el agua se escurría formando un charco irregular.


Se derrumbaba por momentos, una parte de ella estaba deseando enterrar a su otra parte en lágrimas. Hacía demasiado tiempo que no lloraba, pero se sentía incapaz de olvidar porqué había dejado de llorar.


Un rictus le contrajo los músculos de la garganta, de forma que no podía articular tan siquiera un lamento, un furtivo sonido de desesperación. Era tan terriblemente patético verse así, allí postrada en el suelo de la cocina, con el agua del vaso roto comenzando a mojar sus medias.


Patético, pero triste.


Nunca se había compadecido de ella misma, de hecho ni ella ni nadie. Lo que tenía, no era porque lo hubiera merecido, simplemente lo tenía. Y esto era aplicable tanto al amor como a la falta del mismo.


Tener que sonreír, ir cada día a trabajar, incluso tener sueños… no era fácil. Sus palabras le taladraban una y otra vez los oídos hasta el punto en el que creía que sus tímpanos explotarían, te lo dije…


Cerró los ojos, como si no mirando de frente al monstruo, éste se fuera a marchar a asustar a otros niños, pero cuando los abrió le inundó una sensación espantosa. Había dejado de respirar y notaba como sus pulmones, muy adentro de ella, se ensanchaban pidiendo una sola bocanada, pero era incapaz de tragar aire, era incapaz de tragar nada más…


Vio el brillo de sus ojos reflejado en el suelo, y cuando quiso darse cuenta, éste había desaparecido en unas suaves ondas concéntricas. Muy lentamente, aunque de forma espasmódica, comenzó a inhalar aire al tiempo que desfilaba por su rostro una melodía silenciosa de lágrimas, formando un surco ininterrumpido que acababa en su nariz con un cosquilleo.


Chip, chip, chip…


Abrió desorbitadamente los ojos. Aquello no podía ser cierto, ni mucho menos. Se apoyó más firmemente con las rodillas y se llevó ambas manos a la cara, donde acarició su piel húmeda e irritada.


Le temblaron los labios como nunca le habían temblado, pero seguía sin ser capaz de articular un solo sonido.


No podía parar, sentía la necesidad imperiosa de permanecer allí, tan tontamente. Poco a poco comenzó a hundir la cara en sus manos en forma de cuenco y entreabrió su boca, por donde escapaba un aliento entrecortado, como un globo pinchado que deja escapar su aire muy despacio.


¿Esa chica tan perfecta en aquella situación? La que sabía encandilar a todos, la que tan fácilmente como enamoraba a una persona tenía la capacidad de romperle el corazón. Esa chica, estaba llorando, y a sí misma se decía una y otra vez que eso estaba mal, que nadie la había enseñado a llorar.


Lo que no sabía es que muchas veces para recordar algo, hay que olvidarlo antes, porque muchas veces no comprendemos lo maravilloso de los reencuentros.


10 de diciembre de 2010

Occiso




Inmisericorde, porque te quiero inmisericorde.


En tu cabeza no tiene cabida el tanteo, sólo la decisión. Juzgas, pues eres juez. Que tu presencia se resuma a una visión, instantánea y fatal, escena oscura donde los párpados caen por su peso.


No es saña, no es inquina. Simplemente es para dejar de serlo.


En ese instante, ningún delito duele ni ningún acto bondadoso alivia. En el óbito, cada quién se obliga a asumirlo del mejor modo posible.


Cuando comenzaste a existir nadie dijo que tuvieras que ser agradable, amiga.