18 de mayo de 2013

Como afeitarse


Se estremecía de pies de a cabeza. Sus manos le relataban cosas que de otra forma, jamás habría podido comprender. 

La piel dura, áspera, soportaba una y otra vez, diariamente, el paso de la cuchilla. Y no se quebraba, sino que encallecía y daba cada vez una sombra más pronunciada. Más oscura. 

Porque al final la vida era como afeitarse. Y las cuchillas... mejor no pensar en qué eran las cuchillas de la vida. Pero se estaba convirtiendo en cuero.



10 de mayo de 2013

Una cárcel



Una amapola en una cárcel 
languidece porque sabe 
que no creció para existir
tras los barrotes opresivos 
de una vida cautiva




29 de abril de 2013

Hace tiempo del equilibrio


Si es ilusos jugar solo a ese juego de dos, 
llámame, grítame iluso. 

Mi forma de enamorarme no es
como la tuya. 

Esa pelota que lancé rodando cayó
hace tiempo el barranco. 

Y cuando bajé a recogerla jamás pensé en el precipicio 
que se abría a tus espaldas. 

Tan insólito,
tan vacío. 

Y es que tú dejaste de ser 
tú.

21 de abril de 2013

Matices


Las historias se cuentan desde sillas cómodas, a veces incómodas. 


Creo que ya conoces esta historia, pero probablemente si te la contara de nuevo me dirías que la recordabas distinta. Me he dado cuenta de que cada vez que hablo contigo siento la necesidad de ser un poco más sincero. 



No siempre era fácil encontrar las palabras, especialmente bajo su mirada. No habría podido soportar su reprobación. 



No te ofendas, porque jamás te he mentido. Es solo que con el tiempo, me doy cuenta de que mis reservas hacen que el contenido se malinterprete. A estas alturas los matices son importantes, imprescindibles. Así que créeme cuando te digo que es un halago que te hable de la canción que escuché esa mañana en la radio, o del sabor de la pasta de dientes de una boca que no era la mía. 



Cuando hacía volar sus ojos hacia una esquina izquierda imaginaria, era fácil saber en qué pensaba, en quién pensaba, por quién agonizaba. Pero sobre todo, por qué callaba y medía cada paso. 



Y aunque jamás intentaría poner mis palabras a la altura de tu expectativas, te volveré a contar mi historia con la esperanza de que la apruebes, de que sonrías, de que llores, de que me maldigas... Sé que eres docto en esto del amor, puedo verlo en tu rostro, en tu expresión de plenitud serena. Has sufrido mucho -pasó su mano por el rostro grabado en un lienzo de arrugas blancas-, y la gente que sufre es porque ha amado. No me arriesgaría a decir si fuiste o no correspondido; eso, me lo tendrías que contar tú, pero sé que aún no es el momento. 



Y comenzó a hablar, y cuando volvió a callar comprendió que se seguía conteniendo. Pero lo haría mejor la próxima vez. Aún estaba aprendiendo. Porque como el escritor puso en boca de Pablo Acosta, el amante es invulnerable porque, al ser cómplice de su enemigo, ha embotado sus armas. 


14 de abril de 2013

La puerta



He vivido de recuerdos. Cada noche, débil y sin fuerzas, he abierto la puerta verde, o quizás la puerta azul, y alargado la mano a ciegas para abrazarlos y devorarlos. Para hacerlos míos, para resucitarlos, para recrearme en cuentos con final escrito.




Algunas veces los he comido con ansiedad; otras, como si quisiera paladear cada segundo recordado para que nunca más lo volviera a olvidar. Recordar con devoción su forma y su textura, sus delicadas tonalidades. He acabado con cada migaja que he dejado caer, con cada pedazo que mi mano ha alcanzado en la despensa que debería estar prohibida. 

Y cuando he despertado siempre he tenido el mismo amargo sabor de boca. Los labios resquebrajados. El mismo estómago vacío y contraído de dolor. La misma mirada perdida, catatónica, perdida en una puerta tan lejos de esta realidad.

Una puerta que debería estar cerrada con la llave de nuestra voluntad. En un mundo en el que no existe una realidad, el único peligro somos nosotros mismos. ¿De qué tenemos hambre? 



26 de marzo de 2013

De personajes secundarios


Hace tiempo que pasó, pero me di cuenta un día cualquiera. Comprendí que en mis sueños solo eras un personaje secundario más. Sin voz, sin rostro, y aún, presente. 

Pero soñar contigo ya no sería nunca más un tormento, nunca más un inconveniente. 

10 de marzo de 2013

Confesiones nocturnas



Te lo confesaré, me gusta ver el corazón como una bomba de relojería. Algo así como un complejísimo mecanismo ligado al tiempo y a los eventos, algo que tiene una mecha y es susceptible de explotar. Y aunque me gusta verlo así, me asusta el pensar en la facilidad que tiene esa mecha de prenderse, de agotarse y de sentenciar el comienzo de lo que es un final. Pues mi corazón es una bomba que explota.


No te asustes por mi tono: la amargura con la que entono mi discurso procede de la tristeza del recuerdo, de la nostalgia. Yo jamás negaré algo, y es que el que un corazón explote es bueno. El placer que recorre el cuerpo cuando la mecha se calcina es algo difícil de describir, y aun así te sorprenderá la facilidad con la que lo entiendes. Míralo de este modo, pues cada uno lo experimentamos de una forma diferente. Para mí sería algo así como la mano que se desliza muy cerca de la piel. Una mano que sin tocarte, peina cada uno de tus pelos y te transmite una sensación cálida y reconfortante. Cierra los ojos, imagina, y dime si me equivoco, ¿pero no es acaso el amor como la mano que da caricias? Avanza o se detiene, y nosotros no lo podemos controlar. Nos excita, exaspera, tranquiliza. Una simple mano, una como la nuestra propia y sin embargo, con una capacidad  infinitamente incompresible en un sentido autónomo.

Pero me he cansado de las cerillas de fósforo fácil, de las mechas que se apagan antes de llegar al corazón. En estos tiempos ya no vale el quedarse a medias y cuando empezamos algo debemos ser consecuentes y acabarlo. Hay días en los que creo que de tanto llorar mi pólvora se ha mojado y por mucho que eche chispas ya nada más arderá. No habrá más caricias, no habrá nada.

Me encanta hablar contigo, sobre todo porque no me juzgas. Aunque bueno, bien visto no puedes. Sea como sea ya amanece y de estos asuntos no hablaremos a la luz del sol. Porque los asuntos del corazón, siempre tienen un lado oscuro…